Hay noches que se viven en pasado y en presente. Quizá esa sea la magia de Pablo López, puente físico entre lo que somos y seremos. Hoy, el artista malagueño ha demostrado que es «Único» de la mano de Cadena Dial.
Él pidió cariño en «Como soy», sin saber qué está tatuado en nuestra piel, porque precisamente eso es en lo que está especializado, en tocar carne y traspasarla.
Él, especialista en sacar nuestra verdad más inocente en canciones como «El niño del espacio», sacó las luces a pasear en «La niña de la linterna». Interesante dicotomía, que dibujó esa sonrisa ladeada en nuestra boca, como si fuera la de un mismísimo enamorado.
Entonces llegó ella, esa canción que, cuando te mira a los ojos, duele como mil demonios. «Lo saben mis zapatos», con su parte acapella, fue esa mirada del pasado que te hace pensar con una posible llamada, esa que sabes que no puedes marcar, pues la última página ya está más que escrita y publicada. ¿Y qué mejor forma de superarla que llorarla?
Pero la sonrisa volvió, y los ojos cristalinos se relacionaron con los demás como niños en el parque. «Te espero aquí» jugó con la conjugación del verbo amar, y «El Patio» junto a «Tu enemigo», cerraron una noche de las miradas de un para siempre.
Cobertura completa por: Laura Salas Carmona
