La Última Copa abre una nueva etapa musical con ‘Mereció la pena’, el primer adelanto de su próximo trabajo. El dúo madrileño, formado por los hermanos Blanca y Guille, presenta una canción que mira hacia su propia historia y recupera los recuerdos de su infancia en Burgos, una época marcada por la inocencia y la libertad de vivir sin miedo a equivocarse.
El tema nace como una invitación a dejar atrás los complejos, las expectativas y los caminos preestablecidos para aprovechar el presente junto a las personas que queremos. En lo musical, la formación mantiene su esencia pop y melódica, pero apuesta por un sonido más orgánico, enérgico y cercano al indie y al pop-rock actual. La canción ha sido producida por Rafa Pachón, integrante de Veintiuno, junto al propio Guille, y cuenta con la mezcla y masterización de Felipe Guevara.
Con ‘Mereció la pena’, La Última Copa no solo presenta una nueva canción, sino que comienza a desvelar el universo personal y sonoro de su próximo proyecto. Hablamos con Blanca y Guille sobre sus recuerdos, el camino recorrido hasta llegar aquí y todo lo que hay detrás de esta nueva etapa.

P:Buenos días, Blanca y Guille. Bienvenidos a Rollo & Ritmo. ¿Cómo estáis viviendo estos días después de haber presentado ‘Mereció la pena’?
R: La verdad es que estamos viviendo estos días con una mezcla de nervios y muchísima ilusión. Sentimos que estamos dando un paso muy importante en nuestra carrera y, sobre todo, que estamos empezando a sacar a la luz el trabajo más personal y más cuidado que hemos hecho hasta ahora. Tenemos muchas ganas de ir enseñando poco a poco todo lo que hay detrás de esta nueva etapa y de compartir este camino con la gente.
P: ‘Mereció la pena’ nace mirando hacia atrás, hacia vuestra infancia y hacia esos momentos que quizá no supimos valorar del todo hasta que pasó el tiempo. ¿Hay algún recuerdo concreto de vuestra infancia que haya sido especialmente importante a la hora de construir esta canción?
R: Creo que un momento que nos marcó mucho fue cuando nos fuimos a vivir a China durante cinco años. Éramos pequeños y nos fuimos a un país con una cultura totalmente diferente a la nuestra, sin saber muy bien qué nos íbamos a encontrar. Al final, los niños tienen esa inocencia de lanzarse a vivir las cosas sin pensar demasiado en las consecuencias, simplemente por las ganas de descubrir y experimentar. Y creo que esa forma de enfrentarnos a lo desconocido se nos ha quedado muy dentro y sigue presente en nuestra forma de ser y también en nuestra manera de componer. Mereció la pena rescata un poco esa inocencia, la de atreverse a saltar al vacío sin saber qué va a pasar, como hicimos nosotros cuando nos fuimos a vivir fuera. Y, cuando miramos atrás y vemos todo lo que hemos vivido y lo que nos ha traído hasta aquí, sentimos que, sin duda, mereció la pena.
P: En la canción habláis de esa forma de vivir que tenemos cuando somos pequeños, cuando nos arriesgamos sin pensar tanto en equivocarnos ni en lo que puedan pensar los demás. Ahora que habéis crecido y que vuestra vida está mucho más ligada a la música, ¿sentís que habéis perdido algo de esa manera de vivir o
intentáis recuperarla a través de canciones como esta?
R: La verdad es que sentimos que, en muchos aspectos, seguimos siendo dos niños
atrapados en cuerpos de adultos. Tenemos una forma bastante inocente de mirar y
entender la vida. Evidentemente, con los años hemos madurado y hemos aprendido
muchísimo, pero creemos que seguimos conservando ese corazón de niño: esa fe casi ciega en lo que hacemos, esa capacidad de ilusionarnos con cosas pequeñas y esas ganas de seguir creyendo que todo puede pasar.
P: Hay una parte muy interesante en vuestra historia y es que parte de vuestra infancia transcurrió en China y Burgos, dos lugares muy diferentes que han terminado formando parte de vuestra identidad. ¿Qué creéis que os ha dejado cada uno de esos lugares y de qué manera sigue presente en La Última Copa?
R: Burgos representa una etapa en la que éramos muy pequeños y no teníamos demasiada conciencia de dónde estábamos ni de lo que nos rodeaba, pero éramos muy felices, con esa felicidad tan inocente de la infancia. China, en cambio, supuso un cambio enorme. De repente empezamos a hacernos un poco más mayores y a ser conscientes de que estábamos lejos de nuestra familia, en un lugar con una cultura y unas costumbres completamente diferentes. Pero también aprendimos a adaptarnos poco a poco, a descubrir ese nuevo mundo y a quererlo hasta sentirlo como nuestro hogar. Creo que los dos lugares nos han dejado algo muy distinto, pero muy importante: Burgos nos conecta con esa inocencia de la infancia y China con la capacidad de abrirnos a lo desconocido y encontrar nuestro sitio en él. Y, de alguna manera, las dos cosas siguen formando parte de quienes somos hoy.
P: Además, llegasteis a tener una relación muy profunda con China hasta el punto de que el chino fue vuestra lengua materna y Guille cursó allí prácticamente toda la educación primaria. ¿Cómo fue volver a España y empezar a construir vuestra identidad de nuevo aquí? ¿Sentís que aquella experiencia os diferencia también como artistas?
R: Fue una sensación bastante extraña. Siempre nos hemos sentido españoles, aunque después de vivir cinco años en China también sentimos que una parte de nosotros pertenece un poco a ese país. Al volver a España hubo cierto choque: regresábamos al lugar que considerábamos nuestro, pero había códigos sociales y formas de relacionarse que no terminábamos de entender.
Recuerdo, por ejemplo, que en China levantarse en mitad de una clase mientras el
profesor estaba explicando era algo prácticamente impensable. El primer día que vi a un compañero levantarse tranquilamente para tirar un papel a la papelera mientras el profesor de matemáticas hablaba, me quedé absolutamente sorprendido pensando que le iba a caer una bronca enorme. Son pequeñas diferencias, pero cuando eres niño hacen que durante un tiempo te sientas un poco fuera de lugar.
También nos llamaba mucho la atención cómo cambiaban ciertas dinámicas sociales. En nuestra experiencia en China, los alumnos que mejores notas sacaban solían ser también algunos de los más admirados o populares de la clase. Al llegar a España descubrimos una realidad bastante diferente: muchas veces el más popular era precisamente el más gamberro. Puede parecer una tontería, pero ese tipo de contrastes te hacen muy consciente de que has crecido entre culturas distintas. Como siempre nos ha ocurrido con los cambios, poco a poco nos adaptamos y terminamos encontrando de nuevo nuestro sitio.
Y creemos que todo aquello también nos ha influido como artistas. Vivir desde pequeños en otro idioma y aprender una lengua con una fonética completamente distinta como el chino seguramente contribuyó a desarrollar nuestro oído y nuestra sensibilidad hacia los sonidos. Además, la música tenía bastante presencia en nuestra educación allí: participábamos en actividades de canto y estuvimos expuestos a mucha música china. Estamos convencidos de que haber crecido entre dos idiomas, dos culturas y dos universos musicales tan diferentes terminó ampliando nuestra forma de escuchar y, de alguna manera, también nuestra manera de hacer música.

P: Siempre habláis de la música como algo que estuvo presente desde pequeños y de aquellas veces en las que decíais «¡Mamá, quiero ser artista!». ¿En qué momento ese sueño dejó de ser simplemente algo que decíais de niños y se convirtió en una decisión real de querer dedicaros a la música?
R: La música siempre ha estado muy presente en nuestra vida desde pequeños, pero creo que hubo un verano en concreto en el que algo hizo clic. Tocamos en un chiringuito y pensábamos que vendrían simplemente familiares y gente cercana, porque el sitio era bastante pequeño. Recuerdo salir con mis hermanos, cada uno con su instrumento (porque antes en la banda estábamos los cuatro hermanos y un amigo) y encontrarnos con el chiringuito a rebosar, con gente incluso por la playa, sentada en sus toallas, escuchándonos. Fue un momento súper mágico, porque sentimos una conexión muy especial con la gente y entre nosotros. Creo que ese día nos dimos cuenta de que aquello era algo más que una afición y que no podíamos dejarlo ahí. Quizá fue la primera vez que nos planteamos de verdad que teníamos que apostar por la música y empezar a construir este proyecto de una manera más profesional.
P: ‘Mereció la pena’ es el primer adelanto de un nuevo trabajo en el que, según contáis, hacéis un recorrido por vuestra propia historia. ¿Qué parte de vosotros sentís que vamos a conocer en este nuevo disco que todavía no habíais mostrado en vuestra música anterior?
R: Este disco tiene un poco de todo. Muchas de las canciones están vinculadas, de una forma u otra, a distintas etapas de nuestra vida, pero también hay espacio para experiencias concretas que hemos vivido nosotros o para historias de familiares y amigos muy cercanos que nos han inspirado.
Es probablemente el trabajo más personal que hemos hecho hasta ahora, porque sentimos que en él nos estamos abriendo de verdad y enseñando de dónde venimos, qué nos ha marcado y cómo entendemos las cosas. Aun así, no queríamos que fuese un disco únicamente sobre nosotros. Por eso muchas de esas experiencias están llevadas al terreno del amor, utilizando historias y analogías que permitan que cualquiera pueda hacerlas suyas.
Al final, una de las cosas que más nos importa con este disco es construir una comunidad, una familia alrededor de La Última Copa. Nosotros ponemos nuestra historia como punto de partida, pero queremos que quien escuche las canciones pueda reconocerse en ellas y sentir que también forma parte de todo esto.
P: Musicalmente también habláis de una evolución hacia un sonido más orgánico, enérgico y cercano al indie y al pop-rock, sin abandonar vuestra esencia pop. ¿Qué sentíais que necesitaba cambiar en vuestro sonido para que encajara con la etapa en la que estáis ahora?
R: Hasta ahora teníamos una rama mucho más pop, pero en esta nueva etapa hemos querido pensar sobre todo en el directo y en cómo queremos que se sienta la gente cuando venga a vernos. Estamos haciendo un disco que sigue teniendo un sonido orgánico, pero que tiene aspectos modernos más del pop-rock e indie actual, con un punto mucho más festivalero.
P: En la producción de ‘Mereció la pena’ has trabajado, Guille, junto a Rafa Pachón, miembro de Veintiuno. ¿Cómo fue compartir ese proceso y qué aprendisteis de trabajar con alguien que llega desde una banda y un universo musical tan cercano al sonido que buscáis?
R: Sin duda, Rafa ha sido una pieza fundamental en este disco. Trabajar con él nos ha abierto la mente a nuevos espacios creativos y a formas diferentes de entender las canciones y la producción.
Además, ha hecho un trabajo de ensamblaje increíble. Un disco necesita coherencia, una identidad que conecte todas las canciones, y Rafa tiene un gusto y una sensibilidad muy especiales para conseguir precisamente eso.
Más allá del resultado musical, una de las mejores cosas que nos llevamos de este
proceso es la relación que hemos construido con él. Ha sido una colaboración profesional muy importante para nosotros, pero también una amistad que se ha ido forjando de manera muy natural a lo largo de todo el disco.
P: Una de las cosas que más destaca de ‘Mereció la pena’ es esa energía pensada para cantar y saltar en directo. Teniendo en cuenta que ya habéis pasado por escenarios como la Sala Sol, la Sala del Movistar Arena o Los 40 Córdoba Pop, ¿qué importancia tiene para vosotros pensar las canciones también desde el escenario mientras las estáis creando?
R: Sentimos que es un momento crucial para apostar por este sonido, porque tenemos muchas ganas de darnos a conocer más que nunca y de llevar nuestras canciones a muchos escenarios. Queremos hacer música que tenga energía, que invite a saltar, a bailar y a cantar a pleno pulmón. Creemos que este sonido nos representa mucho en el momento en el que estamos y que también puede ayudarnos a conectar con gente que todavía no nos conoce y a crear una familia, una comunidad que se enganche a nosotros y quiere seguir nuestros próximos pasos.

P: Vuestra historia como hermanos está muy ligada al proyecto desde el principio. Habéis crecido juntos, habéis compartido diferentes lugares y ahora también compartís una carrera musical. ¿Qué es lo más fácil y qué es lo más complicado de trabajar con alguien que te conoce prácticamente desde siempre?
R: Trabajar con un hermano no siempre es lo más sencillo del mundo, aunque también tiene muchísimas ventajas. Si empezamos por la parte más complicada, es verdad que la confianza a veces da asco, no es lo mismo echarle en cara algo a un músico que has contratado que echarle algo en cara a tu hermano o hermano. También, Blanca y yo podemos tener el vicio de seguir hablando de La Última Copa incluso cuando no estamos trabajando, en momentos de ocio o simplemente estando juntos, hasta el punto de que a veces puede convertirse casi en una obsesión. Con el tiempo hemos aprendido a poner límites y a separar mucho mejor el proyecto de nuestra relación personal.
Fuera de La Última Copa nos llevamos fenomenal y congeniamos muchísimo, y eso también facilita muchas cosas dentro del grupo. Tenemos una visión bastante parecida de la vida y una forma muy similar de entenderla y disfrutarla, así que normalmente las decisiones importantes salen de una manera bastante natural.
Y luego está esa química propia de los hermanos, que para nosotros es una de las
mayores ventajas. En el escenario muchas veces basta una mirada o un gesto para saber perfectamente qué está pensando el otro, si algo no está funcionando o si necesita que le eches una mano. Hay una complicidad muy difícil de explicar y que seguramente sería imposible construir de la misma manera con alguien con quien no hubieras compartido toda una vida.
P: 12. Y para terminar, ‘Mereció la pena’ habla de atreverse, equivocarse y aprovechar el momento junto a las personas que queremos. Si pudierais volver a hablar con los dos niños que un día le dijeron a vuestra madre «¡quiero ser artista!», ¿qué les diríais ahora que ese sueño está empezando a convertirse en realidad?
R: Les diríamos que disfruten mucho del camino y que no se obsesionen tanto con ese objetivo final ni con lo lejos que parece estar o todo el esfuerzo que va a suponer llegar hasta ahí. Que aprendan a valorar y celebrar cada pequeña victoria, porque todo cuenta y todo merece ser celebrado. También les diríamos que resistan, que es un mundo complejo y que habrá momentos difíciles, pero que pocas cosas hay más bonitas que poder dedicarte a lo que te apasiona de verdad. Y, sobre todo, que confíen en sí mismos, que tengan paciencia y que no dejen de creer en lo que hacen. A veces las cosas tardan más de lo que nos gustaría, pero, si siguen trabajando y disfrutando de lo que hacen, poco a poco las cosas van llegando.
