Buñuel, Dalí y Lorca se encuentran con Don Juan Tenorio en una propuesta divertida, irreverente y llena de imaginación que recupera uno de los experimentos teatrales más singulares de la Residencia de Estudiantes.
La Sala Guirau del Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa se convierte en la Residencia de Estudiantes de 1924 para recuperar la particular versión de Don Juan Tenorio que Luis Buñuel, Federico García Lorca y Salvador Dalí imaginaron junto a otros jóvenes artistas. La propuesta, dirigida y adaptada por Juan Mairena, transforma el clásico de José Zorrilla en un juego escénico donde todo puede suceder.

Un Don Juan Entre el Humor y el Surrealismo
La función combina humor, surrealismo y experimentación, mezclando la representación del Tenorio con las conversaciones y ocurrencias de aquellos jóvenes creadores. Los dos universos se entrelazan constantemente y permiten conocer también a figuras como Maruja Mallo, Margarita Manso, Pepín Bello y Moreno Villa.
Un Universo Visual Lleno de Imaginación
Uno de los grandes atractivos está en su apartado visual. La escenografía aprovecha cada rincón del escenario y crea imágenes tan inesperadas como una Doña Inés convertida en mantis o un Don Juan rodeado de elementos propios del imaginario surrealista. El resultado consigue que incluso las escenas más conocidas del clásico adquieran una apariencia completamente diferente.
Un Reparto que Juega con los Personajes
El reparto, además, demuestra una gran capacidad para cambiar de personaje y registro, pasando de los artistas de la Residencia a los protagonistas del Tenorio con bastante naturalidad. El humor aparece constantemente y convierte la función en una experiencia ligera y entretenida, incluso cuando juega con referencias culturales más complejas.
Romper el Clásico para Recuperar su Espíritu
La Profanación de Don Juan consigue así acercarse a una parte de nuestra historia artística desde una perspectiva juguetona, disparatada y muy visual. Una propuesta que recupera el espíritu inconformista de aquellos jóvenes y demuestra que un clásico también puede convertirse en un auténtico campo de experimentación.
Una función diferente, llena de imaginación y con ese punto de locura necesario para recordar que, a veces, la mejor manera de acercarse a un clásico es atreverse a romperlo.
