El universo más transgresor de Federico García Lorca llega al Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa de la mano de Alfonso Zurro, en una propuesta donde identidad, deseo y apariencia se encuentran frente a frente.
El público no es una obra convencional, y tampoco pretende serlo. Considerado uno de los textos más complejos y vanguardistas de Lorca, el montaje nos introduce en un espacio donde realidad, sueño y representación se mezclan hasta hacer desaparecer sus límites.
Alfonso Zurro traslada este particular universo a escena mediante una propuesta con un fuerte componente visual. La iluminación, el vestuario, el movimiento y las imágenes de carácter surrealista acompañan una historia en la que las máscaras adquieren un significado fundamental: aquello que mostramos frente a los demás frente a lo que realmente somos.
La contraposición entre el «teatro al aire libre» y el «teatro bajo la arena» sirve a Lorca para cuestionar las convenciones y defender una forma de expresión mucho más íntima y libre. Identidad, deseo, amor y miedo a mostrarse atraviesan una función que exige también la implicación de quien observa desde la butaca.
Su lenguaje simbólico puede resultar desconcertante en determinados momentos, pero precisamente ahí reside parte de su atractivo. No todo necesita una explicación inmediata; algunas imágenes simplemente permanecen en la memoria después de abandonar la sala.
El resultado es una experiencia diferente, arriesgada y profundamente visual que encuentra en la Sala Guirau del Fernán Gómez un espacio perfecto para desplegar el imaginario lorquiano.
El público invita a mirar detrás de las apariencias y plantea una pregunta que continúa teniendo sentido casi un siglo después: ¿qué queda de nosotros cuando dejamos de interpretar el papel que los demás esperan que representemos?
