El regreso de la banda a los escenarios madrileños no solo cumplió expectativas: las superó con una propuesta ambiciosa, narrativa y cuidadosamente estructurada. La noche arrancó con la energía de los teloneros, “Master Peace” y “South Arcade”, que prepararon el terreno combinando temas vibrantes con momentos más introspectivos, logrando que el público entrara en calor desde el primer minuto.
Tras su salida, la espera se convirtió en una experiencia interactiva. Mientras sonaban canciones recientes como “Dracula” o “Sao Paulo”, las pantallas proyectaban un código QR que invitaba a los asistentes a participar en la elección de la “canción secreta”. Las opciones —“Start Over”, “Sick of Myself”, “Don’t Stop” y “Pizza”— anticipando uno de los momentos más participativos de la noche.

El concierto comenzó oficialmente con un vídeo introductorio que daba paso a “The Peak”, la primera de las etapas narrativas del espectáculo. Este bloque inicial combinó temas como “Not Ok”, “N°1. Obsession” y cerró con “Teeth”, conectando pasado y presente con solvencia. A partir de ahí, el show adoptó una estructura clara: cada etapa era introducida por un vídeo conceptual que contextualizaba las canciones siguientes.
La segunda fase, “The Fall”, profundizó en un tono más emocional con “Easier”, “More”, “Istillfeelthesame” y “No Shame”. Fue aquí donde la banda comenzó a estrechar aún más el vínculo con el público. En un intermedio cargado de humor, proyectaron una especie de línea temporal de su día en Madrid: desde su visita al Palacio Real hasta su intento de bailar flamenco con cualquier canción, pasando por las inevitables patatas bravas con jamón ibérico, la sangría previa al concierto y un guiño a su “Enrique Iglesias interior”. Este bloque culminó con unas estadísticas ficticias que indicaban que sus canciones antiguas eran más populares, lo que sirvió como excusa perfecta para interpretar “She ‘s Kinda Hot”.

El tono lúdico continuó con la presentación de “Boyband”, precedida por una parodia de unos premios ficticios donde competían incluso con sus propios teloneros. El ritmo no decayó: una transición instrumental permitió que Ashton Irwin emergiera desde debajo del escenario para interpretar “Telephone Busy”, en uno de los momentos visualmente más impactantes. Con “Evolve”, la estética mutó hacia un estilo de televisión antigua, reforzando la identidad visual cambiante del espectáculo.
La siguiente etapa mostró una faceta más oscura, casi violenta, con “Bad Omens”, “Ghost of You” y “I’m Scared I’ll Never Sleep Again”, antes de dar paso a un vídeo que simulaba rumores de separación. La banda reaccionaba a estas noticias como fans de sí mismos, introduciendo “The Breakup”, una sección emocionalmente cargada con “Starting Line”, “Have U Found What Ur Looking For?”, “Don’t Forget You Love Me” y “Enough”.

El quinto acto, “The Rise”, marcó uno de los puntos álgidos de la noche. “Amnesia”, interpretada a capela, silenció por completo al recinto, generando un momento de conexión colectiva difícil de olvidar. Acto seguido, se anunció la canción sorpresa elegida por el público: “Don’t Stop Now”, una decisión que incluso pareció sorprender a la propia banda.
La recta final llegó con “The Beginning”, donde rescataron “Start Over”, “English Love Affair” y “She Looks So Perfect”, desatando la nostalgia.

Sin embargo, aún quedaba una última sorpresa. Un vídeo relató su regreso a los orígenes mientras se desplazaban hacia un lateral de la pista. Desde allí, interpretaron “Everyone’s a Star” acompañados por una bailaora flamenca, en un guiño directo a la cultura local que fue recibido con entusiasmo. El cierre, como no podía ser de otra forma, llegó con “Youngblood”, poniendo el broche a un concierto que no fue solo un repaso musical, sino una experiencia escénica cohesionada, dinámica y profundamente conectada con su público.
Crónica por: Marta Escamilla Martínez
